Bertolt Brecht

Bertolt Brecht

 Balada de Marie Sanders

“puta de los judíos”

 1

En Nuremberg decretaron una ley,

Por la que lloraron algunas mujeres,

Que dormían en el lecho del hombre equivocado.

La carne se enfurece en los arrabales.

Los tambores resuenan con poder.

Dios del cielo, si tuvieran algún plan

Lo harían hoy por la noche.

 2

Marie Sanders, tu amante tiene el cabello demasiado oscuro.

Mejor hoy no vayas con él,

Como ayer fuiste.

La carne se enfurece en los arrabales.

Los tambores resuenan con poder.

Dios del cielo, si tuvieran algún plan

Lo harían hoy por la noche.

3

Madre mía, dame la llave,

La situación no es tan terrible.

La luna luce como siempre.

La carne se enfurece en los arrabales.

Los tambores resuenan con poder.

Dios del cielo, si tuvieran algún plan

Lo harían hoy por la noche.

4

Una mañana, temprano, a las nueve,

Marie atraviesa la ciudad en camisa,

Lleva colgado

del cuello un letrero,

Rapada la cabeza.

La calle es un bramido, ella mira

Con frialdad.

La carne se enfurece en los arrabales.

El pinta muros habla hoy en la noche.

Santo Dios, si tuvieran oídos

Sabrían lo que hacen con nosotros.

Traducción de Sergio Ugalde

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Desiertos / Deserts… A Play

-1

el corazón del desierto

amanece mi madre me despierta y dice que es hora de trabajar me tapo con la cobija hasta quedar cubierto por completo saco una mano por debajo jalo la ropa me visto y por fin me pongo de pie mamá tiene listo el carrito del supermercado que usamos como repartidor de comida ambulante lo tenemos lleno de pan dulce café chocolate caliente y burritos de carne al salir caminamos entre la brisa de la madrugada llegamos luego de media hora de camino a nuestro lugar de trabajo un desolado terreno junto a una enorme muralla metálica los clientes nos ven llegar y nos piden algo de beber unos platican de lo duro que fue pasar la noche sin abrigo otros hablan sobre los ruidos que se escuchan en el valle cuando todo está en silencio la mañana entra por fin al valle y vemos a través de las grietas de la barrera los cuerpos de algunos hombres viejos clientes derribados del otro lado de la muralla cómo los mataron les pregunto a unos que están sentados junto a nosotros quién sabe dicen nomás se escucharon los gritos uno de esos cuerpos vuela por encima de la barrera la migra lo regresa nadie se pone de pie dejan ese cuerpo sobre la tierra barrosa más tarde lo recoge el forense pronto se hace tarde y el lugar se llena de personas que quieren brincarse el cerco terminamos de vender al mediodía y regresamos a la casa amanece llegamos al mismo terreno lleno de brisa y los de ayer dónde están pregunto a un viejo él no contesta y señala la muralla le sirvo un poco de café me lo agradece con una sonrisa

 0

La calle.

—Vamos al parque. Hace mucho que no me llevas al parque, mamá. Ándale, ¿por qué no me llevas? ¿Me vas a llevar?

 

FRANCOTIRADOR   This is not a meaningless state of affairs. 

—Quiero un algodón de azúcar, mamá. ¿Por qué grita tanto esa gente? Me dan miedo. Diles que ya no quiero que griten… Llévame al parque…

FRANCOTIRADOR   Every day I wait for the night to appear, and slowly wander like a cold snake through the streets, looking for something to redeem myself.

—Sí, te llamo por la noche para ver qué vamos a hacer. ¿Qué te parece? Sí, yo creo que es buena hora, nada más pónganse de acuerdo. Bueno, ustedes me llaman…

FRANCOTIRADOR   I pray to the Holy Ghost for the souls of those I’ve killed. I feel no remorse. IFEELNOREMORSENOREMORSE.

—Les hubieras dicho que mañana los acompañamos a comer. Hoy no podemos. Ya sabías que hoy no se podía. ¿Por qué siempre haces lo que te da la gana?

FRANCOTIRADOR   I’ll stay here in the heat, waiting for the enemies to arrive. Dirty sons of bitches.

—Tienes que preguntarle a la gente lo que te digo, mi niña. Por favor, es por nuestro bien. Tú sabes que es por nuestro bien. Ándale, pregúntales. No te va a pasar nada malo.

FRANCOTIRADOR   They are coming, I can feel them.

—Mamá, tengo comezón en la cabeza, ráscame. No le quiero preguntar nada a nadie más. ¿Todos están locos? Ya me cansé. Tú pregúntales.

FRANCOTIRADOR   Who the fuck told them to come here.

—Recógeme en la Veintiuno y Main. Aquí te espero, no hay problema.

FRANCOTIRADOR   They will arrive soon. This is my fucking land. My country.

—Otro día, otro día te compro el algodón, ¿sí? Ahora pregúntale a la gente lo que te pido.

 

—Siempre me dices lo mismo. Yo no le quiero preguntar nada a nadie.

 

—Que no te dé vergüenza preguntar, niña.

 

—No quiero, mamá. Pregúntales, tú. ¿Por qué la gente toca todo lo que ve?

 

Se escucha un disparo.

 

-1

in the heart of the desert

morning my mother wakes me says it’s time for work i pull the blanket over my head stick my hand out grab some clothes get dressed and get up mom has the grocery cart all ready it’s filled with sweet bread coffee hot chocolate and beef burritos we sell these things we walk in the cool dawn and after about half an hour of walking we come to a desolate patch of land next to a giant metal fence this is where we work our customers see us they ask us for something to drink and chat about how hard it was to spend the night without cover others talk about sounds they hear in the valley when everything’s quiet the morning finally comes and we see between the slats in the fence the bodies of some old men who used to buy things from us their bodies are all torn up thrown on the other side of the fence how were they killed i ask some men who are sitting near us who knows they say only screams were heard bodies fly over the fence la migra throws them back nobody says a word the bodies are left on the muddy earth later forensics will pick them up and soon it will be dark and the place will be swarmed with people who want to climb over the fence again we finish selling our bread and coffee at noon we walk back home morning we’re back in the same place in the cool dawn and those that were here yesterday where are they i ask an old man he doesn’t answer and points to the fence i give him a cup of coffee he thanks me with a smile

 

 

0

A street in the city. A girl is seen talking to her mother.

GIRL—Let’s go to the park. It’s been forever since you took me to the park, mom. Come on. Why don’t you take me? Aren’t you going to take me?

A sniper is seen at a window.

SNIPER   Esto no es una situación sin sentido.

[*simultaneous supertitle: This is not a meaningless state of affairs]

GIRL—Mom, I want some cotton candy. Why do those people shout like that, mom? They scare me. Tell them to stop shouting…. Take me to the park.

SNIPER  Cada día espero que llegue la noche, y vago despacio por las calles como una serpiente fría que busca la redención. [*Every day I wait for the night to appear, and slowly wander like a cold snake through the streets, looking for something to redeem myself.]

A man is seen on the street; he talks on his mobile phone.

MAN *(on the mobile) Yes, I’ll call you tonight and we’ll see what we’ll do. Okay? Yes, I think that’s a good time, we just need to make sure it’s okay for everybody else… yeah, call me then…

SNIPER  Le ruego al espiritu santo por las almas de aquellos que he matado. No siento ningun remordimiento. Nosientoningunremordimientoningun.[*I pray to the Holy Ghost for the souls of those I’ve killed. I feel no remorse.

 IFEELNOREMORSENOREMORSE.]

MAN*—You could’ve told them we could have had dinner with them tomorrow. We can’t today. You knew that. Why do you always do what you want?

SNIPER   Me quedare aquí en el calor, esperando que lleguen los enemigos. Malditos hijos de puta.

[*I’ll stay here in the heat, waiting for the enemies to arrive. Dirty sons of bitches.]

WOMAN 1 (the Girl’s Mother)—You have to ask people what I tell you to ask them, child. Please, it’s for our own good. You know that. Go on, ask them. Don’t be afraid.

SNIPER    Ya se acercan. Los puedo sentir.

[*They are coming, I can feel them.]

GIRL—Mom, my head itches; scratch me. I don’t want to ask anyone anything anymore. They’re all crazy. You ask them. I’m tired.

SNIPER   ¿Quién chingados les dijo que vinieran a este lugar?

[*Who the fuck told them to come here.]

MAN —Pick me up on 21st and Main. I’ll wait for you. No problem.

SNIPER   Llegaran pronto. Este es mi puto país. Mi país.

[*This is my fucking land. My country.]

WOMAN 1—Some other day…another day I’ll buy you cotton candy, okay? Now, just ask those people what I told you to ask them.

GIRL—You always say the same thing. I don’t want to ask anybody anything.

WOMAN 1—There’s nothing to be ashamed of, child.

GIRL—I don’t want to, mom. You ask them. Why do people have to  touch everything they see?

A gunshot is heard: (the Sniper’s dream).

Obra dramática escrita por Hugo Alfredo Hinojosa y traducida por Caridad Svich. 

Recientemente se presentó el montaje de este texto en la Universidad de Ithaca, Nueva York.

The Art of Translation

To discuss the art of literary translation is to a large extent to mystify it if we disregard the unruly manner in which it has been practiced throughout history. For although writing between two different languages has always been integral part of national literatures and the exchanges between them, the most striking, the truly captivating thing about it is its variations rather than any single characteristic or aspect.

This cannot be overstressed. Even though we have grown accustomed to the fact that translation is today a field of academic study, no different than, say, applied linguistics or sociology, translating literature has always been perceived and practiced in a variety of manners and styles, following a variety of literary and writerly traditions. The very idea that an academic course could be an inlet into writing would strike even an early twentieth-century aspiring poet as absurd. Compare with the practice of Antoin Galland who translated liberally the Arabian Nights into French and into a ninetieth-century best-seller, the very man to whom we owe the notion of les belles infidèles; or with Mallarmé, or Chateaubriand who out of admiration for sublime forms and imagery found in the works of E. A. Poe and Milton respectively translated them to international notoriety.

Let us also remind ourselves that mastery of the foreign languages out of which these literati translated was not in the least a consideration. Translation in the whole of the nineteenth century in France, for instance, was being done entirely by established authors with a vivid interest in foreign literatures but with no linguistic training to speak of. Nor was it necessary back then to compare the source-text to the target-text in order to judge the quality of the translation, as seems to have become the norm in Eurocentric letters after the 1830s. As a matter of fact, it seems that the less ‘professionally’ – to be anachronistic – these authors translated, the more effective their work was. Not only did they translate – widely and eclectically for that matter – but they also prefaced their translations, wrote extended reviews and critical pieces and at times went out of their way to promote them ardently in the receiving culture. The history of translation and literature is full of instances of authors, reviewers and scholars who ‘campaigned’ for previously unknown foreign authors through translation: Voltaire for Hamlet, Hugo for Shakespeare, Kafka for Conrad, Zide for Taha Hussein, Giono for Melville, and the list goes on.

In other words, literary translation was for a very long time considered to be a literary workshop for writers of prose and poetry, a kind of a rite de passage and an invaluable exercise in literary writing. This type of translation puts the emphasis not so much on linguistic equivalence – as the modern perception would have it – but rather on eclectic affinities between the two writers in dialogue, the translated and the translating; on experimentation with forms, structures and creative devices that the foreign work makes explicit, and which would stretch the target-language usages and conventions once appropriated; finally, on discovering genres, traditions, narrating styles and voices and importing them to their own writing, both translational and non-non-translational. This is why influential writers from the likes of Goethe down to Pound, Paz and Nabokov, have insisted on the irreplaceable value of acknowledging the Other embodied in a foreign work to be translated. Without any doubt, literary writing is enriched in ways unimaginable were it to contend itself with resources found in national language and literature alone, were it not, that is to say, for the activity of translation.

The distinction between contemporary and past ideas about the art of literary translation does not need to polarise our understanding of it. Interestingly, the standardisation of literary translation we are experiencing today, which is so typical of the institutionalisation of translator training, led to a similar emphasis on the creative potential of translation, even though from a different path. Theory might be a large part of most Western-European translation curricula, still in need of some justification for some. But such an approach, cautious in establishing links with the past and ongoing debates on core issues of translation, has led to a renewed valorisation of the source-text.

Whether focussing on belles-lettres or applied and communicative approaches to translation, there is more consensus today about the need to maintain the foreign essence in form and content of the source-text. Foreignisation makes all the rage today for reasons that do not have only to do with the ideological stakes of emerging categories of the population which, although very much part of a society’s diverse pool of creative forces, were until recently eclipsed by history – women, ethnic minorities, gays. Foreignisation has become central to translation debates because it is seen as a means to fertilise the native literary ground. This potential might seem destructive in terms of conventional traditions but it is hugely enriching in terms of creativity and can only come forth in translation.

Extract taken from the website of the British Council.

Beca Edwin Morgan

Cursos de verano de la universidad de Edimburgo, 2008

Rosa Arruti

El Scottish Arts Council concede cada año una beca de estudio, la Edwin Morgan Fellowship for Translation, destinada a traductores interesados en la literatura escocesa contemporánea, que estén contribuyendo a su divulgación mediante su labor de traducción.

Como traductora de las obras de Mark McNay (Saltire Society’s for Scottish First Book of the Year Award, Arts Foundation New Fiction Award) reunía los requisitos para optar a la beca consistente en una estancia en la Universidad de Edimburgo durante los Cursos de Verano, que finalmente me fue concedida, compartida con el colega italiano Marco Fazzini. Todos somos conscientes de los beneficios de visitar el país del autor cuya obra traducimos y, en el caso de un escritor como McNay, con sus ambientaciones en barrios de la periferia de Glasgow y las particulares voces de sus personajes, la estancia en Escocia representaba una oportunidad profesional irrechazable en este momento en el que el programa de estancias en Casas de Traductores de la red RECIT está inactivo por problemas de financiación.

El curso “Texto y Contexto: literatura británica e irlandesa desde 1900 al presente” al que asistí no incluye un programa específico para traductores, pero ofrece conferencias de especialistas, lecturas a cargo de algunos autores e interesantes seminarios de crítica literaria. Todo ello supone una ocasión de estudiar en profundidad obras y autores —agrupados en los bloques básicos de Modernismo y Postmodernismo— de cara a una especialización profesional. Otros incentivos añadidos de esta beca son la coincidencia de fechas con la Feria del Libro de Edimburgo y su completo programa de actos, que se suma a la ya densa oferta cultural de la capital escocesa en verano. En mi caso, fue también de interés conocer al traductor al holandés de McNay e intercambiar experiencias con él en la mesa redonda dedicada a traducción que organizó el grupo de Escritura Creativa de la misma Universidad de Verano.

Quiero mencionar también la acogida y buena disposición del personal del Scottish Arts Council a la hora de facilitar todo tipo de ayuda e información sobre la actividad editorial en Escocia y sus novedades literarias, así como otros contactos. En resumen, una beca con un intenso programa de trabajo, apropiada para traductores interesados en ahondar en la destacada producción literaria de Escocia y su cultura. Quien quiera más información, puede consultar http://www.llc.ed.ac.uk/suiss/scholarships.html .

Imprescindible llevar paraguas.

Texto publicado en la revista Vasos comunicantes de Acett.

Entre la convención y el futuro: la traducción en la época de la diferencia

M. Rosario Martín Ruano

Universidad de Salamanca

No resulta descabellado afirmar que hoy, en un mundo en el que la publicidad lo permea todo, tal vez hasta la evolución epistemológica de las disciplinas académicas se produzca en buena medida a golpe de sonoros logos y pegadizos reclamos. En nuestro ámbito, sin ir más lejos, algunos de los cambios más significativos que últimamente ha experimentado la doxa disciplinaria deben mucho a fórmulas tan vibrantes como las que corean que «toda traducción implica una manipulación» o que «traducir es un acto político». Ciertamente, el hecho de que, mediante la repetición del logo, se haya logrado la generalización y la aceptación unánime de unas concepciones, en principio, tan polémicas refleja la efectividad, y hasta la necesidad, de que a las teorías se les administren periódicamente inyecciones con nuevos tropos para que puedan seguir pensando más allá de los esquemas convencionales y, por ende, para evitar que la disciplina y la profesión se anquilosen en los modelos establecidos, con los ojos cerrados a los retos que le plantea la sociedad en la que operan. Con todo, en virtud de la misma dinámica, también es preciso estar alerta y saber hurtarse a la tentación simplificadora que acompaña a estos resultones asertos, y tomarlos como adalides de la novedad y no como la novedad en sí misma. Entre otras cosas, porque la novedad científica muchas veces no radica en cambiar drásticamente la visión de las cosas y tirar por la borda el conocimiento acumulado hasta la fecha, sino en completarlo o perfeccionarlo de manera original y relevante.

En este sentido, en las últimas décadas la traductología se ha regocijado en reiterar que la traducción no es meramente (o incluso sin el «meramente») una operación lingüística, sino una mediación cultural. Y, a pesar de lo incuestionable de la frase (por lo menos, en la actualidad), tal vez haya llegado el momento de cuestionar, o matizar, algunas de sus lecturas. Y es que, aunque al recordarlo resulte evidente, esa «intermediación cultural» no se restringe a la negociación de lo que en otro tiempo se denominó culturemas, y mucho menos únicamente en virtud de la afamada pero restrictiva dicotomía venutina de la extranjerización vs. domesticación. «Cultura», en efecto, son prototípicamente los rasgos y productos típicos de una sociedad, las referencias locales, y los usos y costumbres, pero también, y de hecho como integrantes de pleno derecho de esa última categoría, los usos y costumbres lingüísticas y textuales; esto es, las rutinas convencionalizadas que con fuerza magnética penden sobre los emisores a la hora de escribir textos. De ahí que, aunque en su momento la frase emblema del «culturalismo» resultara muy beneficiosa para ampliar los horizontes de la traductología más allá de los intereses contemporáneos de la lingüística, no cabe entender estas aproximaciones a la traducción, como reza otra afirmación que va camino de convertirse en lugar común en nuestra rama, como enfoques enfrentados, sino más bien como complementarios. Y, lo cierto es que, a pesar del grado de reiteración de que a estas alturas ya goza el matiz, aún cabe calificarlo de declaración de intenciones, por cuanto son escasas las apuestas investigadoras que asumen materializar el reto. Una de las excepciones a lo dicho se encuentra en el cuarto libro de la serie Traducción y cultura (Málaga, Encasa, 2006), editado por Leandro Félix Fernández y Carmen Mata Pastor, que, centrado en cuestiones de «Convenciones textuales y estrategia traslativa », explota esta conjunción disciplinaria, como recuerdan los editores, sumamente reveladora tanto para el ejercicio profesional de la traducción como para su didáctica. No en vano, aunque el traductor medie entre culturas, los encargos que dan pie al ejercicio de su labor se concretan en textos; textos con un pasado intertextual y, por tanto, portadores de una cohorte de expectativas que condicionan la aceptabilidad de la versión traducida. El libro, además de ofrecer interesantes reflexiones en el plano teórico sobre las implicaciones de tal circunstancia, aporta numerosos consejos prácticos de suma utilidad en los diferentes ámbitos profesionales en los que bucean sus colaboradores: jurídicoadministrativo, publicitario y turístico, literario, periodístico, etc.

Así, ya en el primero de los artículos de esta antología, Hannelore Benz Busch alerta de la importancia que reviste observar, cara a la traducción de determinados géneros, las convenciones vigentes en la cultura de llegada, que, en palabras de esta autora, «son la tarjeta de visita según la cual nos juzgan, al menos en una primera instancia». A través de un repaso contrastivo por una serie de problemas patentes en ciertos tipos textuales representativos, como la correspondencia privada y comercial, el certificado de trabajo o los textos periodísticos, se ilustra a qué tipo de malentendidos culturales puede abocar una traducción mecánica que minimice la importancia de la dispar percepción con que se reciben los patrones retóricos convencionalizados en las diferentes culturas implicadas en el trasvase, y se resalta la necesidad de hacer hincapié en esta dimensión en la formación de traductores.

[…]

Artículo publicado en la revista Trans.uma

Lee el texto completo aquí.

Críquet fronterizo

Fragmento del cuento publicado en el libro Diecisiete tomates y otras historias de Cachemira de la editorial Páramo ediciones.

[…]

Nos encontrábamos a tan sólo un kilómetro y medio del estadio, cerca de un bunker abandonado, cuando Tío Ranji aplicó los frenos de emergencia. El jeep rechinó hasta detenerse.

De forma repentina, cuatro mujeres cubiertas por un velo colocaron los revólveres contra nuestras orejas. La mujer número uno sujetó a Tío Ranji y lo trasladó al asiento trasero. Él no se resistió pero su ojo de vidrio jugueteaba en la cuenca.

La mujer número dos extrajo la pelota de críquet del bolsillo de su saco; escupió la bola roja y la frotó contra su velo negro. La pelota adquirió el brillo de una manzana nocturna. La mujer le ofreció la bola en la palma de su mano. Tío miró la pelota pero no la tocó.

—Todos ustedes se van a poner estas gafas —ordenó la mujer número tres. No se veía nada a través de las gafas oscuras. La mujer número cuatro se sentó al volante y encendió la radio.

—¿A donde nos llevan? —preguntó Tío Ranji con nerviosismo.

—Ya lo verán —respondieron las secuestradoras.

Cuando el jeep se detuvo, las mujeres cubiertas con los velos los guiaron a través de una puerta ruidosa.

—Hemos llegado —dijeron—. Quítense las gafas.

Nos encontramos en el patio de un edificio resplandeciente enmarcado en madera perteneciente a la época de la colonia Británica con gallos volando por los aires. El lugar olía a mulas y ovejas. Una fogata ardía en el centro del patio; una pipeta gigantesca moldeaba las flamas. Otras cuatro mujeres de mediana edad y apariencia militar aplaudían.

Estuvimos a punto de desmayarnos de miedo pero ya era muy tarde y hacía mucho frío. Las mujeres exhibían sus Uzis; eran despiadadas y no quitaron sus ojos de Tío Ranji ni por un momento. Eran como las mujeres ogro del Mahabarata que llegaron después de los Pandavas, durante su exilio en las minas de sal de Cachemira.

Una niñita salió de la cocina con un samovar y nos sirvió té de sal. Una capa vidriosa de cristales de sal se había acumulado bajo sus uñas.

—¿Quiénes son ustedes? —preguntó molesto Tío Ranji.

—Ya lo sabrá —dijo la lideresa mientras estiraba sus manos hacia el fuego—. Primero beban el té.

La niña llenó cuatro tazas.

—Salaam —saludó la lideresa detrás del humo—. Me llaman Zoon.

—¿Qué significa todo esto? Díganos, Zoon —preguntó el tío y la última parte la pronunció como si la conociera muy bien.

—Primero terminen su té —respondió.

La niñita parpadeaba; escuchaba con curiosidad y tenía los dedos metidos a medias en el tazón de la sal. Zoon sacó una ramita del fuego y la metió en el tazón, lo cual provocó que la niña retirara sus dedos. La rama ya no era un trozo de madera, estaba cubierta de cristales y centelleaba como los diamantes.

—Nuestros hombres son tontos —explicó Zoon—. Tienen planeado ondear banderas pakistaníes en el estadio durante el juego de mañana. Así que nosotras, las mujeres, decidimos actuar.

—Nos secuestraron —dijo el tío.

—No los secuestramos, pueden irse cuando quieran —respondió Zoon—, a quien sí secuestramos fue a su hija menor.

—Oh Dios mío, Gurú Wahé, ¿donde está?

—La niña no está aquí pero pueden salvarla. Deben ayudar al equipo de la India para que gane el juego de críquet mañana. Hagan que Pakistán se arrodille.

—¿Por qué? —preguntó Tío Ranji cubriendo su rostro del fuego con la manga de su saco.

—Porque si India pierde, los comandos armados incendiarán nuestras calles y nuestros hogares.

Al decir esto, Zoon golpeó el suelo con la rama. Los cristales se desprendieron y la rama se tornó de nuevo en una rama.

—Si nos traicionan —amenazó—, su hija…

Tío Ranji, un hombre famoso por su integridad, mordió la piel que rodeaba sus uñas hasta hacerla sangrar. Zoon y sus camaradas nos obligaron a usar las gafas oscuras y nos condujeron a los alrededores del estadio. —Recuérdenlo —dijo. El tío no pronunció ni una palabra. Extendió la mano pero no se la estrecharon.

El estadio Bulbul se erguía sobre una colina como si fuese un baluarte. Adquirió dicho nombre debido al granito rojo y a la estructura de cristal con «alas» que se construyó en el sitio donde habían derrumbado la casa para pájaros que alguna vez perteneció al Maharajá. En el interior del estadio, el área que se encontraba entre el óvalo y las tribunas estaba repleta de anuncios multicolores parloteando entre ellos. Aun durante la siesta el bebé está de fiesta. Abul, la manteca, saluda a los soldados en la frontera. Entra y sal, entra y sal, toma té Taj Mahal.

Esa noche, el estadio estaba rodeado de un batallón completo de comandos del ejército. Tío Ranji tenía que presentar dos identificaciones para ingresar. Nosotros avanzábamos a tropezones. Los botones de bronce de su saco refulgían bajo los reflectores mientras él realizaba las pruebas específicas del tablero de críquet.

—Está muerto —dijo al golpear ligeramente el campo con su bate de sauce—. Este terreno es inútil. Siéntelo, tócalo con las manos Baba; está demasiado mullido. Este reblandecimiento de dos rupias decidirá el resultado del juego de mañana; lo cual no será justo para los jugadores. Ni para mi hija.

De regreso en la casa, el tío bebió ron.

—Vinieron dos mujeres a usar el teléfono —dijo Madre—. Ellas…

—No quiero escuchar nada al respecto —señaló el tío—. Me rehúso a ser chantajeado por una bola de mujeres fanáticas locas.

Sus ojos destilaban una intensidad indescriptible.

Madre rezó a los dioses de cuatro religiones y nosotros también nos esforzamos por detener el curso de la noche.

[…]