Entre la convención y el futuro: la traducción en la época de la diferencia


M. Rosario Martín Ruano

Universidad de Salamanca

No resulta descabellado afirmar que hoy, en un mundo en el que la publicidad lo permea todo, tal vez hasta la evolución epistemológica de las disciplinas académicas se produzca en buena medida a golpe de sonoros logos y pegadizos reclamos. En nuestro ámbito, sin ir más lejos, algunos de los cambios más significativos que últimamente ha experimentado la doxa disciplinaria deben mucho a fórmulas tan vibrantes como las que corean que «toda traducción implica una manipulación» o que «traducir es un acto político». Ciertamente, el hecho de que, mediante la repetición del logo, se haya logrado la generalización y la aceptación unánime de unas concepciones, en principio, tan polémicas refleja la efectividad, y hasta la necesidad, de que a las teorías se les administren periódicamente inyecciones con nuevos tropos para que puedan seguir pensando más allá de los esquemas convencionales y, por ende, para evitar que la disciplina y la profesión se anquilosen en los modelos establecidos, con los ojos cerrados a los retos que le plantea la sociedad en la que operan. Con todo, en virtud de la misma dinámica, también es preciso estar alerta y saber hurtarse a la tentación simplificadora que acompaña a estos resultones asertos, y tomarlos como adalides de la novedad y no como la novedad en sí misma. Entre otras cosas, porque la novedad científica muchas veces no radica en cambiar drásticamente la visión de las cosas y tirar por la borda el conocimiento acumulado hasta la fecha, sino en completarlo o perfeccionarlo de manera original y relevante.

En este sentido, en las últimas décadas la traductología se ha regocijado en reiterar que la traducción no es meramente (o incluso sin el «meramente») una operación lingüística, sino una mediación cultural. Y, a pesar de lo incuestionable de la frase (por lo menos, en la actualidad), tal vez haya llegado el momento de cuestionar, o matizar, algunas de sus lecturas. Y es que, aunque al recordarlo resulte evidente, esa «intermediación cultural» no se restringe a la negociación de lo que en otro tiempo se denominó culturemas, y mucho menos únicamente en virtud de la afamada pero restrictiva dicotomía venutina de la extranjerización vs. domesticación. «Cultura», en efecto, son prototípicamente los rasgos y productos típicos de una sociedad, las referencias locales, y los usos y costumbres, pero también, y de hecho como integrantes de pleno derecho de esa última categoría, los usos y costumbres lingüísticas y textuales; esto es, las rutinas convencionalizadas que con fuerza magnética penden sobre los emisores a la hora de escribir textos. De ahí que, aunque en su momento la frase emblema del «culturalismo» resultara muy beneficiosa para ampliar los horizontes de la traductología más allá de los intereses contemporáneos de la lingüística, no cabe entender estas aproximaciones a la traducción, como reza otra afirmación que va camino de convertirse en lugar común en nuestra rama, como enfoques enfrentados, sino más bien como complementarios. Y, lo cierto es que, a pesar del grado de reiteración de que a estas alturas ya goza el matiz, aún cabe calificarlo de declaración de intenciones, por cuanto son escasas las apuestas investigadoras que asumen materializar el reto. Una de las excepciones a lo dicho se encuentra en el cuarto libro de la serie Traducción y cultura (Málaga, Encasa, 2006), editado por Leandro Félix Fernández y Carmen Mata Pastor, que, centrado en cuestiones de «Convenciones textuales y estrategia traslativa », explota esta conjunción disciplinaria, como recuerdan los editores, sumamente reveladora tanto para el ejercicio profesional de la traducción como para su didáctica. No en vano, aunque el traductor medie entre culturas, los encargos que dan pie al ejercicio de su labor se concretan en textos; textos con un pasado intertextual y, por tanto, portadores de una cohorte de expectativas que condicionan la aceptabilidad de la versión traducida. El libro, además de ofrecer interesantes reflexiones en el plano teórico sobre las implicaciones de tal circunstancia, aporta numerosos consejos prácticos de suma utilidad en los diferentes ámbitos profesionales en los que bucean sus colaboradores: jurídicoadministrativo, publicitario y turístico, literario, periodístico, etc.

Así, ya en el primero de los artículos de esta antología, Hannelore Benz Busch alerta de la importancia que reviste observar, cara a la traducción de determinados géneros, las convenciones vigentes en la cultura de llegada, que, en palabras de esta autora, «son la tarjeta de visita según la cual nos juzgan, al menos en una primera instancia». A través de un repaso contrastivo por una serie de problemas patentes en ciertos tipos textuales representativos, como la correspondencia privada y comercial, el certificado de trabajo o los textos periodísticos, se ilustra a qué tipo de malentendidos culturales puede abocar una traducción mecánica que minimice la importancia de la dispar percepción con que se reciben los patrones retóricos convencionalizados en las diferentes culturas implicadas en el trasvase, y se resalta la necesidad de hacer hincapié en esta dimensión en la formación de traductores.

[…]

Artículo publicado en la revista Trans.uma

Lee el texto completo aquí.

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