Estreno de “Iluminaciones”

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El subalterno y la políticoculturalidad

George Yúdice, reconocido culturólogo argentino-estadounidense, uno entre varios – como John Beverley y Gayatri Spivak – que ha participado en la larga y controvertida discusión en relación al subalterno y la políticoculturalidad del Testimonio –y quien colaboró en el libro One Wound for Another/Una herida por otra publicado por el CISAN– dará una plática y dialogará con los asistentes el día miércoles 27 de enero a las 11.00 horas, en la sala de juntas del CISAN, ubicada en el piso 10 de la Torre II de Humanidades, C.U.

George Yúdice es Profesor de Lenguas y Literatura Modernas y de Estudios Latinoamericanos, actualmente adscrito al Department of Modern Languages & Literature, University of Miami.

La lengua del Tercer Reich

Estudio de Victor Klemperer

Artículo de Mercedes Monmany publicado en la revista Letras Libres en febrero de 2002

LA LENGUA COMO ARMA Victor Klemperer, LTI. La lengua del Tercer Reich. Apuntes de un filólogo, traducción de Adan Kovacsics, Editorial Minúscula, Barcelona, 2001, 410 pp.

“¿Por qué estuvo usted en la cárcel?”, le preguntó en una ocasión a una refugiada berlinesa el filólogo judío Victor Klemperer, que luego se haría famoso por su célebre y minucioso diario llevado a cabo durante el periodo funesto del nazismo. “Pues por ciertas palabras… (haber ofendido al Führer, los símbolos y las instituciones del Tercer Reich)”, le responderá sencillamente la mujer. Es en ese momento cuando Klemperer, según escribe en su diario, por fin ve claro todo su arduo y solitario trabajo realizado en miles y miles de páginas escondidas, hasta el fin de la guerra, por una amiga, en un lugar seguro, a salvo de bombardeos: un hospital. “Escuchas con tus oídos y escuchas la vida cotidiana, precisamente la vida cotidiana, lo corriente, lo normal, lo carente de brillo y de heroísmo”, dirá Klemperer de esa tarea a veces puesta en entredicho por su vana inutilidad en medio de un mundo que se caía a pedazos día tras día (“¿Cree que está viviendo algo tan extraordinario? ¿No sabe usted que miles de otros viven situaciones mil veces peores? ¿Y no cree usted que se encontrarán cantidades ingentes de historiadores para describir esto?”).

     Primo de uno de los más célebres directores de orquesta de su época, Otto Klemperer, que en 1946 sería el primer gran emigrado en regresar a Alemania, Victor Klemperer nació en 1881 en Landsberg, en la Prusia oriental, ciudad hoy polaca con el nombre de Gorzow Wielkopolski. Especialista en la literatura francesa del siglo XVIII, se doctoró en Munich con una tesis sobre Montesquieu, y tras combatir en la Primera Guerra Mundial como voluntario inició su carrera académica, aunque en 1935, después de toda una época de hostigamientos, se le obligó a dejar la cátedra de literatura francesa que ocupaba en la universidad de Dresde. Noveno hijo de una familia de religión judía originaria de Praga, hermano de un médico de prestigio, su padre era rabino en Berlín, en el seno de una comunidad que abogaba por un judaísmo reformado y progresista. Judíos asimilados, ya que tanto él como sus hermanos habrían abrazado la religión protestante. Victor, casado con una valerosa mujer “aria” que se negaría a abandonarlo y soportaría todo tipo de humillaciones, no emigraría de Alemania. Gracias a ese matrimonio se salvó de la deportación y trabajó como obrero en una fábrica durante toda la guerra. Allí, una vez expulsado de su casa y “golpeado” con la prohibición de utilizar la biblioteca, es decir, privado de la posibilidad de seguir trabajando en sus estudios de la Ilustración, se puso a hacer lo que sabía: observar, anotar y escuchar “cómo charlaban los trabajadores en la fábrica y cómo hablaban las bestias de la Gestapo y cómo nos expresábamos en nuestro jardín zoológico lleno de jaulas de judíos”. Es decir, decidiría dedicarse de lleno, las 24 carcelarias horas del día, a lo que sin saberlo entonces sería la obra de su vida: un análisis filológico y pormenorizado del lenguaje de los nazis (“la palabra aislada permite de pronto vislumbrar el pensamiento de una época, el pensamiento general en que se inserta el pensamiento del individuo, por el que es influido y tal vez dirigido”). Ya lo dijo George Steiner en ese memorable ensayo (Lenguaje y silencio) sobre el poder y a la vez la muerte del lenguaje en los periodos más oscuros de la historia, como fue la época nazi. Ese momento de salvajismo e “histeria latente” en que únicamente reinan la retórica y la pura jerga (“el ámbito privado desaparece, todo es discurso, todo es público, todo es invocación”, dirá Klemperer) cuando “las palabras se vuelven más y más ambiguas”: “Los nuevos lingüistas —afirmaba Steiner— estaban siempre preparados para hacer del idioma alemán un arma política más absoluta y efectiva que cualquier otra conocida por la historia, para degradar la dignidad del habla humana y reducirla al nivel del aullido de lobos”. Así explicó también el poder maléfico de ese “aullido de lobos” Ernst Weiss, el amigo de Kafka, que se suicidó en 1940 a la entrada de los nazis en París, en su magnífica novela póstuma El testigo ocular (1963): “Él hablaba y yo sucumbía. Con su palabra nos aplastaba a todos, a los inteligentes y a los tontos, a los hombres y a las mujeres, a viejos y a jóvenes”.

     Retomando su puesto en la universidad tras la guerra, Klemperer decidió quedarse en Dresde, en la zona de ocupación soviética, y aunque en 1933, a la llegada de Hitler al poder, aún fuera un decidido anticomunista, en 1945 se adhirió al Partido Comunista, llegando a ser diputado de la RDA de 1953 a 1957, convencido de que era la única organización política que le había plantado cara claramente al nazismo. En 1947 publicaría allí mismo una cumbre literaria, que mezclaba prodigiosamente lo privado y lo histórico, el análisis de una época y la multitud de específicas alusiones, presiones y agresiones ejercidas sin descanso sobre la vida cotidiana, que llevaba por título LTI (Lingua Tertii Imperii). Apuntes de un filólogo, es decir, la parte de sus monumentales diarios que él creía fundamental y que trataba precisamente de eso, de una lengua infernal y de un firme plan de combate y propaganda trazado y llevado a diario virulentamente por el Tercer Reich: “el lenguaje del fanatismo de masas”. El resto, así como su biografía Curriculum vitae, aparecerían en 1995, 35 años después de su muerte acaecida en 1960. Él, que nunca quiso verse como exclusivamente judío, que era un defensor de la cultura como anuladora de la idea de nacionalidades y de místicos particularismos reductores, se quejará muchas veces en sus diarios precisamente de eso, de esa tarea ingrata y supletoria que el nazismo una y otra vez le forzará a realizar a pesar de él: la reflexión sobre su propia raza perseguida (“Así, he vuelto, a pesar de todo, al tema judío. ¿Es culpa mía? No, es culpa del nazismo, única y exclusivamente culpa suya”). –

Iluminaciones en El Milagro

Iluminaciones, de Hugo Alfredo Hinojosa, Premio Nacional de Dramaturgia 2009, en el Teatro el Milagro.

Acude a ver esta realización de la compañía “La Fábrica”, de Querétaro, bajo la dirección de Alonso Barrera. Este montaje ha sido blanco de incontables críticas que cuestionan aquello que debe denominarse “Teatro”.

Ve esta obra a partir del próximo 30 de enero, todos los sábados y domingos a la 1 pm en el Teatro El Milagro: Milán #24, Col. Juárez. México D.F.

¿Subtítulos, doblaje o voz superpuesta?

¿Sabías que…?

En España e Italia, por ejemplo, es común que todo el cine esté doblado, a excepción de las muestras internacionales y exhibiciones especiales. Mientras tanto, en Polonia hay un lector que sólo lee los diálogos de personajes femeninos y masculinos por igual y sin ninguna expresión.

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“M is for moon…” by Tom Stoppard

 

‘M’ de Mar y mucho más

 [M is for Moon amongst other things]

de Tom Stoppard  

 Traducción de Edith Verónica Luna

 (Fragmento)

Silencio—un hombre resopla y agita su diario—una mujer hojea un libro y suspira.

NB Un matrimonio, ALFRED y CONSTANCE—clase media, sin hijos, de 45 y 42 años de edad.

 

CONSTANCE: (Suspira—Piensa:) Macbeth…

(Cambia de página.)

Macedonia…

(Cambia de página.)

Magna Carta Libertatum…

(Cambia de página.)

Malaria…

(Cambia de página.)

Metralleta…

(Cambia de página.)

Moluscos… moluscos…

ALFRED: (Resopla—Piensa:) ‘…la chica, que vestía una falda roja y un suéter negro, solicitó a la corte que su nombre no… sigue en la columna cinco, sigue en la columna cinco…’

(Agita el diario.)

CONSTANCE: (Piensa:)… animal invertebrado… descubrió que las variedades marinas…

(Cierra el libro bruscamente.)

Ya pensé mucho por hoy—Ojalá la letra no fuera tan pequeña… ¿Has visto mis pastillas en algún lado?

ALFRED: Mmmm… (Piensa:) ‘… “en mis treinta años en la judicatura no hubo nada parecido”, agregó. “Mientras existan patanes como tú vagando por las calles, ninguna chica  estará a salvo de…”

(Impaciente) Ah…

(Cambia la página.)

CONSTANCE: (Piensa:) Cinco de febrero, cinco de marzo, abril, mayo, junio, julio, agosto… seis.

ALFRED: (Piensa:) ‘Una excepcional belleza ¡de una velocidad impactante!’

CONSTANCE: (Piensa:) El viernes antepasado debió ser veintisiete, eso es, porque fue la razón por la que la señora Gilbert no se comió la carne, además la enciclopedia siempre llega el veintisiete y fue cuando llegó el volumen de la M a la N, cuando llamé a Alfred a la oficina para preguntarle qué daríamos de cenar a los Gilbert, así que debió ser viernes veintisiete. Así que el domingo pasado fue veintinueve, hoy es veintinueve más siete que dan treinta y seis, así que debe ser seis, a menos de que julio tenga treinta y uno, en cuyo caso hoy sería siete, no, cinco. Treinta días tiene Abril, Junio, ¿no? Espera, el viernes antepasado fue veintisiete…

ALFRED: (Piensa:) Es una excepcional belleza con la clásica línea impetuosa…

CONSTANCE: Alfred, ¿hoy es cinco o seis?

ALFRED: ¿Mmm? (Piensa:) ‘…de cero a 120 km/h en nueve segundos…’

CONSTANCE: ¿Cinco?

ALFRED: ¿Cinco qué?

CONSTANCE: ¿Qué día es hoy?

ALFRED: Domingo… (Piensa:) ‘…freno de mano firme y me gustaría un cenicero extra para el acompañante pero, de otro modo…’ (Hacia arriba) Ay, por Dios—sabes que odio que la gente se asome sobre mi hombro.

(Cambia de página.)

CONSTANCE: Cinco de agosto de 1962. (Hacia arriba) Alfred, en media hora tendré exactamente cuarenta y dos años y medio. Eso es un pensamiento ¿no?

ALFRED: Mmmm… (Piensa:) ‘La pequeñita y canosa señora Winifred Garters lloró anoche como…’

CONSTANCE: ¿A qué hora naciste Alfred?

ALFRED: ¿Qué?

CONSTANCE: Yo nací justo cuando el reloj marcó las diez y media de la noche. ¿A qué hora naciste tú?

ALFRED: No recuerdo.

CONSTANCE: ¿Nadie te lo dijo?

ALFRED: Eso es lo que no recuerdo.

(El reloj del pasillo da las campanadas de las diez.)

Ah, ¿qué es eso?—¿las diez? No hemos visto las noticias hoy. Creo que ahora mismo hay un noticiero, ¿cierto? Prende la tele—espera, ¿dónde esta el Radio Times?—Ah— ¿Es la guía de esta semana?

CONSTANCE: Cuarenta y dos y medio y lo único que tengo es un dolor de cabeza.

ALFRED: ¿Esta es la nueva? ‘Del cinco al doce de agosto’—¿Qué día es hoy?

CONSTANCE: Domingo

ALFRED: No, no, no ¿qué día…?—ay no importa—sí, es ésta—Noticias a las diez y cinco.

(Enciende la televisión.)

‘Con la muerte en los talones’—Ay, esa debió ser buena.

CONSTANCE: Es horrible, sabes. Cuando empiezas a preocuparte por los medios. Es decir, no es lógico pensar en eso ¿no? Siempre que son las diez y media es un día más y lo único que he hecho es levantarme y quedarme así. ¿A dónde se va el tiempo?

(Poner el final de ‘Con la muerte en los talones’, mantenerlo y luego bajar el volumen.)

(Piensa:) Antes me llamaban Millie, mi segundo nombre fue mi favorito hasta que cumplí los—¿Cuántos? ¿17? Antes me decían “Feliz cumpleaños, Millie…”, luego cambié a Constance, sonaba más maduro. Desde los diecisiete hasta los cuarenta y dos. Veinticinco. Un cuarto de siglo, constante Constance… (Hacia arriba) Si tuviera la oportunidad, quizá elegiría lo mismo que hago ahora. Eso no me importa. Pero quiero poder escoger. No pido la luna Alfred, lo único que  quiero es tener la posibilidad de elegir para tener la certeza de que lo hago porque lo decidí, en lugar de porque no había otra opción.

ALFRED: Sssshh—espera, Constance, déjame escuchar las noticias… (Reproducir cinta con el inicio del noticiero (si lo hay) de las 10:05 p.m. del 5 de agosto de             1962.)

NOTICIERO: En las noticias… La actriz Marilyn Monroe fue hallada muerta en su apartamento de Los Ángeles el día de hoy…

(Baja hasta hacer silencio.)

ALFRED: (Entran sonidos de ‘ay’ a manera de lamentos fúnebresPiensa:) Ay… ay… ay… ay… ay… pobre Marilyn, pobrecita… ¿Qué le hicieron? Dios, pobrecita… debió ser muy desdichada. Ay, Marilyn…

CONSTANCE: Parecía tan llena de vida, ¿no?

ALFRED: (Piensa:) Abandonada… sin amor… como una niña…

CONSTANCE: Pobrecita, es horrible…

ALFRED: (Piensa:) Marilyn… no debiste confiar en ellos, están corroídos…

CONSTANCE: ¿Crees que era en serio? Ay, era encantadora, quiero decir, era una persona  encantadora, lo transmitía. Ya se veía venir.

ALFRED: Ay cállate.

CONSTANCE: ¡Alfred!

ALFRED: Ay, perdón: estoy cansado… y triste.

CONSTANCE: No pasa nada, Alfred.

ALFRED: Por supuesto que era en serio. Por Dios, sólo tienes que usar tu imaginación. Vivía en mundo muy frío y vacío, sin calidez ni comprensión—nadie la comprendía, no tenía amigos.

CONSTANCE: ¿Tú crees?

ALFRED: Por supuesto. Eran unos parásitos. La gente no la apreciaba, tan sólo la utilizaba. Una mujer como ella. Es un crimen…

CONSTANCE: Es el destino.

ALFRED: ¡El destino! ¡No seas absurda!

CONSTANCE: Alfred, por favor no grites.

ALFRED: (Suspira cansado) Ay, malditos, maldita sea… Ay, vamos a dormir. Estoy cansado.

CONSTANCE: Sí. Estoy agotada—espero poder dormir.

ALFRED: Yo nunca puedo quedarme despierto y tú nunca puedes dormir ¿Qué te pasa?

CONSTANCE: No lo sé—no puedo dormir con este dolor de cabeza.

ALFRED: ¿Sabes qué? Lees demasiado, siempre te quejas de tensión ocular y dolor de cabeza; bueno, no es ninguna novedad.

CONSTANCE: La letra es muy pequeña, de verdad.

(Cambia, cambia y cambia de páginas.)

ALFRED: El Tesoro Universal de los Pueblos, los Lugares y las Cosas: Ilustrado. De la M a la N… Un montón de conocimientos inútiles.

CONSTANCE: Ya llegué hasta Moluscos, pero me estoy saltando páginas como loca.

ALFRED: De todas formas, olvidas todo.

CONSTANCE: No es verdad. No todo.

ALFRED: Bueno, olvidaste lo de los Católicos ¿cierto? Debía haber algo al respecto en la letra C.

CONSTANCE: (Triste, a la ofensiva y a la defensiva, un poco desesperada) Ay, Alfred, por favor, otra vez no…

ALFRED: ¡Católicos! Los-católicos-no-comen-carne-los-viernes. ¡O en carne! Lo-que no-comen-los-católicos-los-viernes. ¡O en viernes! El-día-en-el-que-los-católicos-no-comen-carne. ¡Ay, Dios mío! Podías haberlo encontrado en la G de ¡señora Gilbert! Esposa del jefe de Alfred, el señor Gilbert, y católica devota ¡que no come carne los viernes! (Pausa) D de Débâcle, aquello que ocurre cuando la esposa del contador del señor Gilbert le ofrece carne a la esposa de éste ¡en viernes!

 

Tom Stoppard es un reconocido dramaturgo inglés que, además de su labor como autor de obras teatrales donde también indaga el tema del lenguaje, ha traducido a otros escritores como Slawomir Mrozek, Johann Nestroy, Arthur Schnitzler, y Vaclav Havel.