Crítica de Gabriela Conde sobre Singh


Creer a pesar del mundo*

Gabriela Conde

Jaspreet Singh, Diecisiete tomates y otras historias de Cachemira Páramo Ediciones, México, 2008.

“Cachemira era como el rostro amado… que se desvanece al despertar”. El contundente epígrafe elegido por Jaspreet Singh (1969) para Diecisiete tomates y otras historias de Cachemira desvela uno de los sentidos primordiales de éste, su primer libro publicado: la representación de un lugar que ahora sólo existe en la memoria y en el que ya no se está. Es decir, hablamos de la nostalgia por la Cachemira querida y odiada, la obsesión por reconstruir la ciudad perdida, la esperanza de un reinicio para ese ámbito particular.

En los catorce relatos que forman el libro, Jaspreet Singh, narrador de origen indio, quien vive en Canadá desde los 21 años y escribe en lengua inglesa, muestra un territorio en conflicto entre la India y Pakistán: Cachemira, la de los hermosos jardines, la de los campamentos militares, la de los ríos límpidos y los campos minados. Un lugar en eterna construcción, un lugar que no acaba de ser, que flota. Una Cachemira seductora y dolorosa, en la cual un par de niños, Adi y Arjuna, hilos conductores que entrelazan cada una de las historias, crecen y se encantan y desencantan del mundo.

Singh utiliza una prosa directa con un lenguaje claro; sus relatos se alejan del patetismo a cambio de la ironía y el humor. El mundo al que accedemos es inquietante y a pesar de ello hermoso. Es intención de Singh mostrar la cercanía entre las fronteras de antónimos que dividen al mundo. El autor apuesta por la condición humana como principal conflicto de sus relatos, acercando los polos que se suponen opuestos, desdibujando las líneas que los dividen. Así, en medio de historias de campamentos militares, terrorismo, peleas entre grupos étnicos y religiosos, Singh trata los únicos temas a los que cualquier gran narrador termina por ceñirse: la violencia, el dolor, la muerte, la soledad, el amor. Singh no renuncia a contar historias completas, sencillas, bien estructuradas en aras de hablar de un entorno macropolítico y contemporáneo.

No es casual que el autor tenga como principales protagonistas de estas historias a un par de niños; a través de su mirada el mundo se construye y se destruye. Estos niños que nacieron en medio de la guerra no intentan explicarse de manera tajante la muerte, ni el amor, ni a Dios; pero los intuyen, los saben ciertos. A lo largo de los relatos se desvela la profundidad de los conflictos cotidianos. Junto a su mirada inocente el lector termina por comprometerse en la contemplación y reflexión del dolor del mundo.

En uno de los cuentos del volumen —traducidos con particular brillantez por Edith Verónica Luna—, “Capitán Faiz”, un par de hombres, rivales en el campo de batalla, se reconocen semejantes a través de la poesía y el honor. En “Críquet fronterizo”, una reina de belleza habla de la paz en el medio tiempo de un partido de críquet entre India y Pakistán, mientras la hija del árbitro es secuestrada y mutilada por grupos terroristas. En “Nooria”, Singh muestra el anhelo del pueblo hindú por mejorar sus condiciones de vida gracias a los misiles nucleares y cómo una niña mira desvanecerse esa esperanza tras entrever la perversión humana en un oficial.

Jaspreet Singh, ilustrador perfecto de aporías, entrelaza misticismo con realismo rotundo; de esta conjunción nace la inquietud que permea cada una de las historias. La prosa de Singh es en momentos completamente lírica y en otros su ritmo es más bien asmático; siempre preciso, deja advertir que el cuento es el espacio ideal para mostrar la forma en la que una dimensión invade a otra, cómo chocan varios mundos.

El primer y último cuento de Diecisiete tomates y otras historias de Cachemira son historias de esperanza, de posibilidad, y con ello pareciera que Singh, a través de su poderosa voz narrativa, ha elegido creer, a pesar del mundo. Su apuesta clara, plausible no es sólo representar y construir el mundo que conoce y perdió; es, más bien, un intento de recrearlo y transformarlo.

Texto publicado en La Gaceta del Fondo de Cultura Económica, Febrero de 2010.

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