Diario de una residencia artística (I)


Por Edith Verónica Luna

 13 de agosto de 2013 (martes)

Fue en mayo de 2012 cuando solicité la beca para una residencia artística en el Leighton Artist’s Colony de Banff, Alberta.

Mi proyecto, que hasta cierto punto tenía en la mente como borrador, tomó forma en casi dos días. La idea era traducir Chef, la primera novela de Jaspreet Singh, un autor de quien ya había traducido un libro de cuentos (Diecisiete tomates y otras historias de Cachemira). El objetivo planteado era la publicación de la traducción durante el invierno de 2013 o primavera del 2014. Fue aceptado.

En noviembre de 2012 salieron los resultados, justo el día de mi cumpleaños pero yo no supe sino hasta un mes después, con un embarazo de 5 meses. ¿Que si pensé rechazarla? No. Evidentemente sería más fácil ir sola, pero con un bebé, que para entonces tendría 4 meses de edad, las dificultades se multiplicarían. Por fortuna, trabajar como autónomo te da mucha libertad y te enseña a manejar tu tiempo, a prescindir de lo prescindible y a establecer tus prioridades.

Tuve que estar en el aeropuerto a las 4 de la mañana. Hice el registro, pagué la cantidad proporcional por el vuelo de mi hijo y les tomó cinco minutos perder mi maleta cuando aún estaba yo en el mostrador. La rastrearon, me la mostraron en la puerta del avión y finalmente salimos de México a las 6 de la mañana. El vuelo, maravilloso, even with a baby boy; la escala en Vancouver, a pain in the ass.

–          Translate? A novel? Couldn’t you do that from Mexico?

–          Yes, I could, but it wouldn’t be an artistic residence.

–          Mmmh. Is it art or a job?

–          It’s both.

–          Mmmh. And where is the father of your child?

–          At home, working.

–          Why isn’t he traveling with you?

–          Because the grant was only for me, not my husband.

Y así, me mandaron directo al interrogatorio en migración. Resulta que el hecho de que una institución te pague el avión, la estancia y la comida es sumamente sospechoso cuando sólo vas a traducir. Les confunde que eso sea un trabajo y, al mismo tiempo, una actividad artística. So sad. Pero nosotros tenemos la culpa por no defender nuestro trabajo, por abaratarnos, por no pelear contra la competencia desleal. Todo tiene que ver.

Después de un vuelo más y un maravilloso trayecto en autobús desde Calgary, llegamos al Banff Centre for the Arts a las 5 pm, casi doce horas después de nuestra salida.

Para las 8 pm ya estaba yo sentada en la salita de Sally Borden conociendo a mi autor. Fue interesante darnos cuenta de que hablábamos mirándonos a los ojos, por primera vez, desde 2007, cuando empecé la traducción de los tomates. La conversación nos llevó, inevitablemente, a hablar de las casualidades que rodean a este lugar, las que están en la escritura de sus libros, las que envuelven a la traducción en general y mis traducciones en particular. La casualidad que más le llama la atención es la de mi llegada a Banff y el lanzamiento de su nueva novela, Helium, que se presenta en dos días, el 15 de agosto pero que, justo hoy, sale a la venta en librerías. Momentos en el tiempo que no se repiten.

Nos despedimos haciendo planes for the seven weeks ahead. Pero sé que nos serán insuficientes para todo lo que queremos hacer.

Mañana conoceré mi estudio; por ahora, a dormir.

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