San Jerónimo traductor

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Nació en Estridón (oppidum, ya destruido por los godos en 392, situado en la frontera de Dalmacia y Panonia) entre el año 331 y el 347, según distintos autores. San Jerónimo cuyo nombre significa ‘el que tiene un nombre sagrado’, consagró toda su vida al estudio de las Sagradas Escrituras y es considerado uno de los mejores, si no el mejor, en este oficio.

En Roma estudió latín bajo la dirección del más famoso profesor de su tiempo, Donato, quien era pagano. El santo llegó a ser un gran latinista y muy buen conocedor del griego y de otros idiomas, pero muy poco conocedor de los libros espirituales y religiosos. Pasaba horas y días leyendo y aprendiendo de memoria a los grandes autores latinos, Cicerón, Virgilio, Horacio y Tácito, y a los autores griegos Homero, y Platón, pero casi nunca dedicaba tiempo a la lectura espiritual.

Jerónimo dispuso irse al desierto a hacer penitencia por sus pecados (especialmente por su sensualidad que era muy fuerte, por su terrible mal genio y su gran orgullo). Pero allá aunque rezaba mucho, ayunaba, y pasaba noches sin dormir, no consiguió la paz, descubriendo que su misión no era vivir en la soledad.

De regreso a la ciudad, los obispos de Italia junto con el Papa nombraron como secretario a San Ambrosio, pero éste cayó enfermo, y decidieron nombrar a Jerónimo, cargo que desempeñó con mucha eficiencia. Viendo sus dotes y conocimientos, el Papa San Dámaso lo nombró como su secretario, encargado de redactar las cartas que el Pontífice enviaba, y luego lo designó para hacer la traducción de la Biblia. Las traducciones de la Biblia que existían en ese tiempo (llamadas actualmente Vetus Latina) tenían muchas imperfecciones de lenguaje y varias imprecisiones o traducciones no muy exactas. Jerónimo, que escribía con gran elegancia el latín, tradujo a este idioma toda la Biblia, en la traducción llamada Vulgata (o traducción hecha para el pueblo o vulgo). Aunque no fue designada como oficial de facto lo fue durante 15 siglos. El Papa San Dámaso I en el Concilio de Roma en el 382, expidió un decreto apropiadamente llamado «Decreto de Dámaso», en el cual hizo un listado de los libros canónicos del Antiguo y Nuevo Testamentos. Entonces le pidió a San Jerónimo utilizar este canon y escribir una nueva traducción de la Biblia que incluyera un Antiguo Testamento de 46 libros los cuales estaban todos en la Septuaginta, y el Nuevo Testamento con sus 27 libros.

Alrededor de los 40 años, Jerónimo fue ordenado sacerdote. Pero sus altos cargos en Roma y la dureza con la cual corregía ciertos defectos de la alta clase social le trajeron envidias y sintiéndose incomprendido y hasta calumniado en Roma, donde no aceptaban su modo enérgico de corrección, dispuso alejarse de ahí para siempre y se fue a Tierra Santa.

Sus últimos 35 años los pasó en una gruta, junto a la Cueva de Belén. Varias de las ricas matronas romanas que él había convertido con sus predicaciones y consejos, vendieron sus bienes y se fueron también a Belén a seguir bajo su dirección espiritual. Con el dinero de esas señoras construyó en aquella ciudad un convento para hombres y tres para mujeres, y una casa para atender a los que llegaban de todas partes del mundo a visitar el sitio donde nació Jesús.

Los atributos con los que suele representarse a este santo son: Sombrero y ropa de cardenal, un León y, en menor medida, una cruz, una calavera, libros y materiales para escribir. El motivo por el cual se le representa con un león es porque, según se dice, se encontraba San Jerónimo meditando a las orillas del río Jordán, cuando vio un león que se arrastraba hacia él con una pata atravesada por una enorme espina. San Jerónimo socorrió a la fiera y le curó la pata por completo. El animal, agradecido, no quiso separarse jamás de su bienhechor. Cuando murió San Jerónimo, el león se acostó sobre su tumba y se dejó morir de hambre. Pero es una leyenda atribuida por error, en realidad le pertenece a San Gerásimo, eremita. El parecido en los nombres indujo al error.

La iconografía clásica es la de san Jerónimo en su gabinete, como aparece en el cuadro de Domenico Ghirlandaio para la iglesia de Ognissanti en Florencia. Pero también ha sido representado como un eremita en la gruta del desierto, generalmente acompañado por un león, como puede verse en el cuadro de Leonardo y en el San Jerónimo en oración de Hieronymus Bosch.

Con tremenda energía escribía contra las diferentes herejías. La Iglesia Católica ha reconocido siempre a San Jerónimo como un hombre elegido por Dios para explicar y hacer entender mejor la Biblia, por lo que fue nombrado patrono de todos los que en el mundo se dedican a hacer entender la Biblia; por extensión, se lo considera el santo patrono de los traductores.

Murió el 30 de septiembre del año 420, a los 80 años.

[Este blog es un homenaje a él.]

Principio de recreación

Principio de recreación

En unos meses cumpliré 10 años como traductora. Hace tiempo al terminar la licenciatura, me enfrenté, como todos, al complejo mundo de la competencia: traductores egresados del “Harmon Hall” que cobran 30 pesos por cuartilla (por un trabajo deficiente), secretarias bilingües o asistentes que alguna vez fueron a Estados Unidos y que, por creer que hablan otra lengua, ya son aptas para traducir, o incluso funcionarios que trabajan en embajadas y, por tedio, traducen para generar con esto, no una profesionalización de este oficio, sino para crear relaciones públicas. Aquello que se llama “competencia desleal”.

En mi currículo figuran trabajos como locutora, guionista para radio, representante de un call center, coordinadora de programas culturales, y asistente de un historiador. Desde el inicio y hasta este día, he tenido que ejercer la traducción de manera velada, siempre en mis ratos libres y, por desgracia, estoy casi segura de que todos en esta sala sabemos lo que es tener que desempeñar un trabajo administrativo, que nos permita dedicarnos a esta profesión en cualquiera de sus vertientes.

Así como he desempeñado funciones diversas, también he tenido que traducir textos de distintas especialidades: he traducido manuales para bombas de tornillo excéntrico, libros sobre la relación del omega 3 y el déficit de atención, guías turísticas para cápsulas de radio y, entre lo más sublime, obras de teatro, cuentos y poemas… dicha variedad de textos me dejó algún tipo de aprendizaje y un conjunto de sustanciosos glosarios imposibles de conseguir en internet u otros diccionarios por lo especializado del texto original.

Fue hasta hace muy poco que se me presentó la oportunidad de dedicarme a la traducción literaria. Hace tres años, me vi beneficiada con una beca para estudiar la maestría en España, de 2007 a 2009, una excelente oportunidad de conocer el mundo de la traducción para editoriales, el ámbito de los derechos de autor y de los “hacedores” de libros, además de los más importantes traductores en lengua española como Miguel Sáenz, María Teresa Gallego Urrutia o Roser Berdagué.  Una beca que me dejó muchísimo aprendizaje y que les recomendaría enormemente, de seguir vigente el programa. Fue, a partir de entonces, que quedé cautivada por la infinidad de posibilidades que este ámbito ofrece, y comprendí a fondo lo que implica el difícil mundo de la traducción, desde los derechos de autor hasta las libertades mismas de un traductor dentro del texto, teniendo en cuenta, claro, la visión y opinión del autor del libro.

Diecisiete tomates y otras historias de Cachemira, de Jaspreet Singh, mi primera traducción publicada, es un libro de cuentos que describe el entorno de un país que atraviesa conflictos geopolíticos, individuos que padecen una realidad poscolonial violenta y cruel, sin distinciones de edad o género. Todo ello se nos presenta en catorce historias cuyas redes isotópicas son la guerra, la partición de la India y la comida, y cuyos actores principales son tres niños cachemires que habitan la frontera con Pakistán.

Cuando comencé a leer este libro no pude hacer más que estremecerme ante una realidad que se me presentaba demasiado lejana, una narrativa que mezclaba el hindi con el inglés, los saris con las kurtas, el arroz con azafrán. Con la primera lectura mis ojos quedaron inundados de tonos rojizos, ocres, de los resabios del aroma a chai y una sensación de calidez que provenía del lenguaje sutil y respetuoso de la India. Ya la segunda lectura me dejó ver las dificultades de explicar el significado de las palabras en hindi manteniendo la alternancia de lenguas, de describir platillos con ingredientes que no existen en nuestro continente, de hacer comprensible en nuestra cultura la gravedad de tomar la decisión de no llevar turbante, pues es obligatorio una vez que un niño entra a la pubertad y, lo más complicado, investigar su religión, la historia de todas las deidades porque cada una de ellas ostenta una enorme importancia en la vida cotidiana de la India.

Todo esto representaba un reto del que no me puedo jactar de haber llevado a buen término. En realidad, cuando releí el libro para escribir este pequeño texto, me di cuenta de la inmensa cantidad de cosas que ahora podría cambiar. Y no es que sea una traducción incorrecta, sino que se trata de una traducción mejorable que nunca dejará de serlo porque sé que conforme pasen los años y mi conocimiento del mundo vaya cambiando, las decisiones cambiarán también. Es una labor completamente equiparable al trabajo autoral de cualquier escritor que jamás deja de corregir sus textos, aún después de publicados. De ahí que haya segundas y terceras ediciones “corregidas y aumentadas”.

En cuanto al proceso en el cual comencé a traducir, tuve que hablar por teléfono y cartearme infinitamente con el autor (tuve la fortuna de que estuviera vivo). En determinado momento me presentaron a Dora Sales, una de las traductoras de Vikram Chandra, quien, en su infinita misericordia, me recomendó un glosario creado por los traductores de Sacred Games, publicado en la red para su libre consulta. Para resolver el tema de la alternancia de lenguas, decidí no eliminar las palabras en hindi, ni ponerlas en cursiva, pues la presencia de estas palabras es claramente un elemento de ruptura, de subversión contra el imperio inglés (kangri, pheran). Así las cosas, recurrí, en cambio a poner, junto a la palabra en hindi, su equivalente en español. Fui a restaurantes iraníes y pakistaníes a falta de un lugar de comida cachemira. Me amarré una toalla a manera de turbante para saber qué se sentía cargar con ese peso en la cabeza. Reescribí slogans de productos cachemires en español y los hice sonar como un comercial. Tuve, incluso, que escribir un poema, escribir una canción… y encima cantarla para ver si sonaba bien.

Después vinieron las correcciones, las lecturas de los amigos, del editor, las observaciones de algún aficionado a las armas, las críticas de un poeta al que le molestaba la repetición de la frase “montañas lejanas”, repetición totalmente justificable, entre muchos otros. Debo decir que todos los comentarios fueron muy útiles, incluso aquellos de los que hice caso omiso. Lo que es más, este tipo de enfrentamientos nos obligan a justificar decisiones que quizá tomamos porque nos “suenan bien”, y a realizar siempre ese ejercicio, que alguna vez Miguel Sáenz llamó, de teoría contra intuición.

Ahora bien, si analizamos los procesos que llevan a cabo los traductores literarios, veremos que todos pasamos por lo mismo, trátese de la especialidad que se trate. Primera lectura: de reconocimiento, ver de qué se trata; segunda lectura: de identificación de problemas, de investigación; tercera lectura: de proceso traductológico, cuarta: de primera revisión general del resultado, y quinta: de segunda revisión con algún lector del original o, en su defecto, con el editor o especialista y, si bien nos va, termina aquí. Si no, como en una receta, agregar revisiones al gusto.

Es entonces nuestra tarea, la de traducir lo que los enfants terribles catalogan de “intraducible” –entendiendo por enfants terribles los poetas o ensayistas que creen que “traducen”–. Nuestro quehacer implica reproducir una obra ya escrita para que, como dijera Carlos Fortea, la entiendan quienes no la entendían, a sabiendas de que no la entenderán quienes ya la entendían. Debemos llevar al lector a una realidad que no es la suya, mantener esa extrañeza que tanto se quiso borrar en la antigüedad; ya dejamos atrás la época en la que el traductor debía pasar inadvertido. Asumo el riesgo de sonar reaccionaria y digo que es momento de reivindicar la imagen del traductor, de no tener que explicar al editor que su “manual de estilo” no aplica para todas las traducciones, de exigir nuestro nombre en la portada y de tomar decisiones dentro del texto que será nuestra creación. Afortunadamente no son éstos gritos ahogados y hay editoriales nuevas que parecen prestar oídos, como es el caso de Jus y de Páramo ediciones, dos grupos editoriales que han apostado por defender y promover a los traductores mexicanos. Existen ahora organizaciones como el Colegio de Traductores de México que abogarán porque así sea: con un organismo como éste se busca combatir la competencia desleal que les comentaba al principio, los traductores podrán solicitar apoyo jurídico, consejos profesionales, estarán incluidos en un directorio de traductores y podrán participar en un foro o espacio donde aquellos que cuentan con más experiencia podrán guiar a quienes comienzan su camino en esta profesión.

En el caso de la traducción de obras literarias, hay que hacer hincapié, por ejemplo, en la firma de un contrato, en tener cuidado de no publicar textos completos en la red, a menos de que sea una traducción publicada y, por lo tanto, protegida y con permiso de la editorial. Hay que estipular durante cuánto tiempo la editorial podrá hacer reimpresiones de nuestra traducción y en qué momento podemos ofrecerla, si fuera el caso, a otra editorial. Si nosotros no conocemos nuestros derechos, nadie más los exigirá por nosotros.

Así pues, desde nuestra propia trinchera ayudemos a que se entienda a la traducción como una modalidad de la transformación de una obra literaria, una recreación cuya integridad, al igual que la obra original, debe ser respetada. Y sobre todo a replantear la presencia del traductor en la vida cultural del país. Comprendamos que a lo largo de milenios ha sido la tarea del traductor comunicar a las distintas culturas entre sí para lograr el enriquecimiento de la sociedad en general.

[Texto leído por Edith Verónica Luna en la presentación del Colegio de Traductores de México, A.C. en el marco de la celebración del Día Internacional del Traductor.]

Edith Verónica Luna

Colegio de Traductores de México, A.C.

 

El Colegio de Traductores de México A.C. es una asociación civil sin fines de lucro cuyo objetivo principal es promover el reconocimiento de la profesión del traductor dentro de la sociedad. Una de las prioridades del Colegio es trabajar de acuerdo con un estricto código ético bajo el cual deben regirse los asociados. El Colegio tiene como principio fundamental atender las necesidades y los intereses de los traductores afiliados. Como parte de este punto, dentro de las prioridades del Colegio están:

 * Combatir la competencia desleal generada por pseudotraductores

* Unificar tarifas

* Obtener reconocimiento por derechos de autor y sus beneficios en materia fiscal

* Lograr el reconocimiento de la profesión mediante la presentación obligatoria de la cédula profesional en trabajos realizados para entidades gubernamentales, cámaras de industria, empresas trasnacionales.

* Obtener para los afiliados precios y tarifas preferenciales en bienes y servicios, como los ofrecidos por compañías de seguros, servicios médicos, librerías y empresas editoriales, entre otros

* Obtener certificación y reconocimiento de la ATA

* Establecer convenios de cooperación con organismos similares en otros países

* Fungir como árbitro en casos de controversias, tanto con otros profesionistas como con los clientes

 
Asimismo, los afiliados se verán beneficiados profesionalmente mediante su inclusión en el Directorio de Traductores en línea del Colegio, el cual estará a disposición de los clientes potenciales que requieran servicios de traducción. En este directorio se podrán encontrar a los traductores idóneos para el trabajo, ya que se especifican las lenguas de trabajo y las ramas de especialidad de los traductores.

El Colegio también ofrece la oportunidad de tener contacto con otros traductores profesionales y agencias con experiencia, a fin de intercambiar ideas y apoyar los intereses del Colegio y de sus miembros.

Es deber del Colegio contribuir con el perfeccionamiento de las habilidades y los conocimientos de sus miembros a través de la organización de conferencias, seminarios, talleres, diplomados y ponencias, así como de la obtención de noticias y consejos sobre herramientas y tecnología que permitan mejorar la práctica de la profesión.

La presentación oficial de este Colegio se llevará a cabo el próximo miércoles 22 de septiembre a las 18 hrs., en  el Teatro el Milagro (Milán #24, Col. Juárez, D.F.) en el marco de los festejos del Día Internacional del Traductor.

Herramientas de la traducción

T-T-T

Traducción, terminología y tecnología

En la época anterior al boom de la tecnología, el trabajo de documentación del traductor se limitaba exclusivamente a la consulta de gruesos tomos de polvorientas enciclopedias abandonadas en las bibliotecas, a los pesados, y a veces inútiles, diccionarios bilingües y monolingües y a los múltiples glosarios de dudosa procedencia realizados por el amigo del amigo, que alguna vez hizo una traducción sobre el tema que nos atañe en ese momento.

Independientemente de la competencia del traductor, el trabajo de documentación y extracción terminológica daba como resultado una traducción bastante mejorable, cuando no errónea. Todo eso sucedía debido a la falta de recursos eficientes, al escaso dominio del tema e incluso al desconocimiento de las fuentes confiables de información que ofrecen datos y ejemplos verídicos y precisos.

Hoy en día, el uso del ordenador y el Internet se ha difundido de tal manera que ambos son ahora una herramienta básica para casi cualquier profesional. La difusión de la información ha cambiado de manera radical obligando a organismos, empresas e instituciones a modificar la manera en la que se manejan datos, se distribuyen documentos y se gestionan recursos.

Esta nueva manera de presentar archivos y documentos a los usuarios constituye un reto para quienes nos dedicamos a trasladar significados de una lengua a otra. Lo anterior se debe a que el traductor ha tenido que adaptarse a otros tipos de formatos, a otras clases de búsquedas y a nuevos géneros textuales que no existían anteriormente.

En el campo de la traducción, las tecnologías han representado un avance significativo que facilita las labores de investigación, la ampliación de conocimientos sobre el área o campo al que pertenece el texto que se va a traducir, la búsqueda terminológica, la consulta de textos paralelos, la creación de glosarios confiables, el manejo e intercambio de bases de datos, las consultas a expertos y la comunicación con ellos, entre muchas otras cosas.

Como es sabido, para que un traductor lleve a cabo un buen trabajo, éste debe documentarse de manera exhaustiva sobre el tema y crear una base terminológica que le ayude a mantener la coherencia a lo largo de toda su traducción. Ambas tareas son complicadas y se deben realizar con sumo cuidado respondiendo a preguntas como ¿quién es el autor?, ¿a qué género y área del conocimiento pertenece el texto? y ¿dónde aparecerá publicado? Esto sentará una base sólida sobre la cual se puede comenzar a trabajar en aspectos que son más específicos como, el tono en el que está escrito, el registro y la función que tendrá en su medio de publicación, entre otros.

De acuerdo con lo estudiado en los módulos de gestión terminológica, el proceso de identificación de términos tiene distintas fases: primero, se debe leer el texto en su totalidad para asegurarse de que se comprende y poder así identificar palabras clave, ideas fundamentales y las relaciones entre ellas; para esto se recomienda la realización de un árbol conceptual de campo. Posteriormente, se debe establecer una estrategia de documentación en la que se incluyan conceptos globales, ámbitos terminológicos, textos o incluso campos temáticos, o solamente conceptos concretos o términos específicos. En este sentido, el traductor debe buscar textos paralelos, fuentes monolingües, fuentes bilingües, textos y diagramas que ejemplifiquen el comportamiento del texto en general y de la terminología en particular, pues el traductor debe poner especial atención en la terminología asentada y el manejo del lenguaje por parte de los expertos. Además, le ayudará a comprender el tema y conocer más sobre él y los conceptos que en él se tratan. En cuanto a los métodos para identificar términos se mencionó en clase la frecuencia de aparición, la posición que ocupan y si están relacionados con otros conceptos. Una vez que se cuenta con la información y la terminología necesarias, se realiza la traducción, contrastando siempre las dos lenguas y culturas con las que se trabaja para ese texto en específico.

Una de las herramientas más eficaces y que más se emplea en el mundo de la traducción es la memoria de traducción y herramienta de gestión terminológica TRADOS. Durante el curso, se manejó esta herramienta con el propósito de conocer las diversas posibilidades que ofrece tanto en lo que respecta a traducción por unidades o bloques respetando el formato de origen (aspecto final del texto) y la posibilidad de adjuntar las mismas imágenes del original con el Tag Editor, como en lo que respecta a la extracción y gestión de terminología, a la posibilidad de trabajar proyectos de traducción en equipos y búsquedas de concordancias con documentos traducidos previamente con Translator’s Workbench.

Asimismo, se empleó la herramienta de extracción terminológica MULTITERM. Ésta es útil para crear, almacenar, ampliar y corregir glosarios realizados a partir de proyectos de traducción. Multiterm ofrece la posibilidad de agregar diversos campos a cada una de las entradas. Así, se pueden incluir ejemplos de contexto, imágenes, fuente de donde se extrajo la información y permite además agregar un campo que explica si el término está normalizado, si su uso está prohibido o no hay suficiente información.

Sin embargo, en cuanto al uso de la tecnología y de las nuevas herramientas informáticas en la traducción, no todo es miel sobre hojuelas. Estos avances y transformaciones han creado problemas y dificultades que anteriormente no existían. Tenemos por ejemplo que los textos web o digitales están dirigidos para un lector que puede ubicarse en cualquier parte del mundo, por lo que los contenidos deben ser elegidos con mucho cuidado tratando de producir un texto lo más neutro posible. Esto amplía demasiado la gama de posibles receptores finales y añade dificultades a la labor del traductor. Por otro lado, no se debe olvidar que estas herramientas son automáticas y, aunque simplifiquen el trabajo en gran medida, el traductor no puede olvidar revisar de manera continua el texto, ni relajar el rigor con el que se debe tratar un texto.

De manera personal, creo que las memorias de traducción, el internet y las herramientas de extracción terminológica pueden ser de gran ayuda una vez que se dominan todas sus aplicaciones. Además, si se hace un buen uso de estos elementos, quien traduce puede llegar a maximizar su rendimiento, incrementar sus ingresos, y minimizar la pérdida de tiempo aprovechando al máximo el trabajo realizado previamente sin echar en saco roto el esfuerzo de trabajos anteriores.

Edith Verónica Luna

“Les Pas”, de Paul Valéry en griego

 

                     Les Pas

Tes pas, enfants de mon silence,
Saintement, lentement placés
Vers le lit de ma vigilance
Procèdent muets et glacés.

Personne pure, ombre divine,
Qu’ils sont doux, tes pas retenus!
Dieux! . . . tous les dons que je devine
Viennent à moi sur ces pieds nus!

Si, de tes lèvres avancées,
Tu prépares pour l’apaiser,
A l’habitant de mes pensées
La nourriture d’un baiser,

Ne hâte pas cet acte tendre,
Douceur d’être et de n’être pas,
Car j’ai vécu de vous attendre,
Et mon coeur n’était que vos pas.

TA BHMATA

Tα βήματά σου, τα παιδιά της σιωπής μου,
ιερά και αργά βαλμένα,
προς την κλίνην της άγρυπνης συλλογής μου,
προχωρούν βουβά και παγωμένα.

Ύπαρξη αγνή, θεία σκιά, 
Τι  γλυκά, τα βήματά σου τα συγκρατημένα!
Θέε μου!… όλα τα δώρα που έχω ονειρευτεί
μου’ρχονται στα γυμνωμένα μου ετούτα πόδια!

Εάν, τα βιαστικά σου χείλη
ετοιμάζονται να μου προσφέρουν γαλήνη,
στην σκέψη μου κατοικεί
η τροφή ενός φιλιού σου.

Μη βιάζεσαι στο κάμωμα αυτό το τρυφερό σου,
στην γλύκα που σκορπά η ζωή και ο θάνατος,
διότι εζησα για να σε προσμένω
και η καρδιά μου ειναι μοναχά τα βήματά σου.

Traducción de Smaragda Kostourou

El twitter como creador y normalizador

Con el riesgo de sonar purista (que no puritana) me permito escribir un poco, y de manera informal, respecto de la manera en la que la tecnología ha rebasado ya los límites de la evolución natural del lenguaje.

No hace mucho, para que se pudiera acuñar un neologismo, éste tenía que mantenerse durante cierto tiempo en el habla de los usuarios y mostrar determinado comportamiento léxico para determinar el uso correcto de la palabra. Hoy en día, la extendida popularización del Facebook, el twitter y demás herramientas electrónicas y redes sociales ha desatado una ola de neologismos a los que les basta con circular sólo unas seis horas en la red para que, incluso los mismos usuarios, censuren el uso incorrecto de la entrada e informen del uso correcto.

Los casos más interesantes los veo en el twitter donde se habla con anglicismos como timeline, DMhashtag, trending topic e  incluso con palabras castellanizadas como tuitear, tuiteros, folou, fologüers, retuitear, favoritear, unfologüear,  y el verbo que más me inquieta: trolear. Este último hace referencia al acto de molestar mediante tuits o DM’s (mensajes directos) a un usuario específico. Así, han surgido los trols que trolean y crean trending topics que tienen la finalidad de ridiculizar o ir en contra de cierta ideología o usuario.

Quizá me equivoque en algunas definiciones pues me declaro relativamente neófita en el asunto (cuento sólo con 48 fologüers contra los 40,044 de @polo_polo); por lo tanto, no pretendo hacer un estudio formal al respecto, ni criticar el uso de estas palabras pues, a fin de cuentas, si se está inmerso en esta red social, hay que usarlas para darnos a entender en este mundo. 

Evidentemente, me faltan muchas palabras que mencionar aquí y para este momento ya habrá decenas más circulando en el #tuiterparalelo, pero espero la ayuda de los usuarios para continuar con este seguimiento lingüistico y enriquecer el lenguaje de las redes sociales.

Edith Verónica Luna Búscame en twitter @Ieronimustrad.

Crítica de Gabriela Conde sobre Singh

Creer a pesar del mundo*

Gabriela Conde

Jaspreet Singh, Diecisiete tomates y otras historias de Cachemira Páramo Ediciones, México, 2008.

“Cachemira era como el rostro amado… que se desvanece al despertar”. El contundente epígrafe elegido por Jaspreet Singh (1969) para Diecisiete tomates y otras historias de Cachemira desvela uno de los sentidos primordiales de éste, su primer libro publicado: la representación de un lugar que ahora sólo existe en la memoria y en el que ya no se está. Es decir, hablamos de la nostalgia por la Cachemira querida y odiada, la obsesión por reconstruir la ciudad perdida, la esperanza de un reinicio para ese ámbito particular.

En los catorce relatos que forman el libro, Jaspreet Singh, narrador de origen indio, quien vive en Canadá desde los 21 años y escribe en lengua inglesa, muestra un territorio en conflicto entre la India y Pakistán: Cachemira, la de los hermosos jardines, la de los campamentos militares, la de los ríos límpidos y los campos minados. Un lugar en eterna construcción, un lugar que no acaba de ser, que flota. Una Cachemira seductora y dolorosa, en la cual un par de niños, Adi y Arjuna, hilos conductores que entrelazan cada una de las historias, crecen y se encantan y desencantan del mundo.

Singh utiliza una prosa directa con un lenguaje claro; sus relatos se alejan del patetismo a cambio de la ironía y el humor. El mundo al que accedemos es inquietante y a pesar de ello hermoso. Es intención de Singh mostrar la cercanía entre las fronteras de antónimos que dividen al mundo. El autor apuesta por la condición humana como principal conflicto de sus relatos, acercando los polos que se suponen opuestos, desdibujando las líneas que los dividen. Así, en medio de historias de campamentos militares, terrorismo, peleas entre grupos étnicos y religiosos, Singh trata los únicos temas a los que cualquier gran narrador termina por ceñirse: la violencia, el dolor, la muerte, la soledad, el amor. Singh no renuncia a contar historias completas, sencillas, bien estructuradas en aras de hablar de un entorno macropolítico y contemporáneo.

No es casual que el autor tenga como principales protagonistas de estas historias a un par de niños; a través de su mirada el mundo se construye y se destruye. Estos niños que nacieron en medio de la guerra no intentan explicarse de manera tajante la muerte, ni el amor, ni a Dios; pero los intuyen, los saben ciertos. A lo largo de los relatos se desvela la profundidad de los conflictos cotidianos. Junto a su mirada inocente el lector termina por comprometerse en la contemplación y reflexión del dolor del mundo.

En uno de los cuentos del volumen —traducidos con particular brillantez por Edith Verónica Luna—, “Capitán Faiz”, un par de hombres, rivales en el campo de batalla, se reconocen semejantes a través de la poesía y el honor. En “Críquet fronterizo”, una reina de belleza habla de la paz en el medio tiempo de un partido de críquet entre India y Pakistán, mientras la hija del árbitro es secuestrada y mutilada por grupos terroristas. En “Nooria”, Singh muestra el anhelo del pueblo hindú por mejorar sus condiciones de vida gracias a los misiles nucleares y cómo una niña mira desvanecerse esa esperanza tras entrever la perversión humana en un oficial.

Jaspreet Singh, ilustrador perfecto de aporías, entrelaza misticismo con realismo rotundo; de esta conjunción nace la inquietud que permea cada una de las historias. La prosa de Singh es en momentos completamente lírica y en otros su ritmo es más bien asmático; siempre preciso, deja advertir que el cuento es el espacio ideal para mostrar la forma en la que una dimensión invade a otra, cómo chocan varios mundos.

El primer y último cuento de Diecisiete tomates y otras historias de Cachemira son historias de esperanza, de posibilidad, y con ello pareciera que Singh, a través de su poderosa voz narrativa, ha elegido creer, a pesar del mundo. Su apuesta clara, plausible no es sólo representar y construir el mundo que conoce y perdió; es, más bien, un intento de recrearlo y transformarlo.

Texto publicado en La Gaceta del Fondo de Cultura Económica, Febrero de 2010.